Profesional de la salud señalando con un lápiz un modelo anatómico del hígado

Salud hepática: el hígado es mucho más que un órgano de desintoxicación

Written by: Ayleen Martinez

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Salud hepática: cómo cuidar tu hígado | Ortomolecular Chile

Salud hepática: el hígado es mucho más que un órgano de desintoxicación

El hígado es uno de los órganos metabólicos más importantes del cuerpo humano. Trabaja continuamente para procesar los nutrientes que obtenemos de los alimentos, regular el metabolismo de las grasas y los azúcares, producir sustancias necesarias para la digestión y transformar medicamentos, alcohol y otros compuestos para facilitar su eliminación.

También participa en la regulación del colesterol, el almacenamiento de vitaminas y minerales, la producción de proteínas esenciales y el procesamiento de sustancias potencialmente dañinas.

Por eso, cuidar la salud hepática implica mucho más que moderar el consumo de alcohol. La alimentación, la actividad física, la resistencia a la insulina, determinados medicamentos y algunas enfermedades pueden influir en el funcionamiento del hígado.

Desde una perspectiva nutricional integrativa, el objetivo es identificar los factores que pueden contribuir al daño hepático, mejorar los hábitos que influyen en la salud metabólica y asegurar un aporte nutricional adecuado. La suplementación puede tener un papel complementario en situaciones específicas, pero su indicación debe basarse en la evidencia disponible y no sustituye la evaluación ni el tratamiento médico cuando son necesarios.

Funciones del hígado: ¿por qué es tan importante para nuestra salud?

El hígado funciona como un centro de procesamiento metabólico. Recibe nutrientes procedentes del intestino, los transforma, los almacena cuando es necesario y los distribuye según las necesidades del organismo.

Entre sus principales funciones destacan:

  • Regulación de la glucosa: almacena glucosa en forma de glucógeno y puede producirla cuando el organismo necesita mantener sus niveles de azúcar en sangre.
  • Metabolismo de las grasas: participa en la síntesis, transformación y transporte de lípidos, incluido el colesterol.
  • Procesamiento de proteínas: metaboliza aminoácidos y transforma el amoníaco, una sustancia potencialmente tóxica, en urea para facilitar su eliminación.
  • Producción de bilis: contribuye a la digestión y absorción de las grasas y de las vitaminas liposolubles A, D, E y K.
  • Metabolismo de medicamentos y otras sustancias: transforma numerosos compuestos mediante reacciones enzimáticas que pueden facilitar su eliminación.

Para realizar estas funciones, las células hepáticas necesitan energía, aminoácidos y micronutrientes que participan en numerosas reacciones metabólicas, además de sistemas antioxidantes que ayudan a mantener el equilibrio redox celular.

Cuando se produce una agresión persistente, pueden aparecer acumulación de grasa, lesión celular e inflamación. En algunas enfermedades, el daño crónico puede favorecer la formación de fibrosis, es decir, la acumulación excesiva de tejido cicatricial.

Hígado graso (MASLD): una alteración metabólica que merece atención

Una de las enfermedades hepáticas más frecuentes es la enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica, conocida como MASLD por sus siglas en inglés. Esta denominación reemplazó al término anterior “hígado graso no alcohólico”.

Se caracteriza por la acumulación excesiva de grasa en el hígado en presencia de al menos un factor de riesgo cardiometabólico. Entre ellos se encuentran la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2, la obesidad abdominal, la hipertensión arterial y las alteraciones de los lípidos sanguíneos.

Aunque es más frecuente en personas con exceso de grasa corporal, también puede presentarse en personas sin exceso de peso aparente, ya que su desarrollo depende de múltiples factores metabólicos y genéticos, además de la composición y distribución de la grasa corporal.

La acumulación de grasa no implica necesariamente que exista inflamación o daño avanzado. Sin embargo, en algunas personas puede desarrollarse una forma más activa de la enfermedad, denominada esteatohepatitis asociada a disfunción metabólica (MASH). Esta condición se caracteriza por esteatosis acompañada de inflamación y lesión de las células hepáticas, y puede progresar hacia fibrosis y, en determinados casos, cirrosis.

La progresión no es inevitable y depende de múltiples factores metabólicos, genéticos y clínicos.

Entre los factores que pueden favorecer la enfermedad se encuentran:

  • El consumo habitual de bebidas azucaradas y productos ricos en azúcares añadidos.
  • El exceso de energía en la alimentación y la acumulación de grasa visceral.
  • La resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2.
  • El sedentarismo.
  • Los triglicéridos elevados y otras alteraciones metabólicas.
  • El consumo perjudicial de alcohol, que puede contribuir al daño hepático por mecanismos propios y coexistir con factores metabólicos.

Un aspecto importante es que la enfermedad puede avanzar durante años sin producir síntomas evidentes. Por eso, sentirse bien o no experimentar molestias digestivas no garantiza que el hígado esté sano.

Estrés oxidativo e inflamación: su relación con la salud del hígado

Para comprender la relación entre nutrición y salud hepática, es útil conocer dos procesos: el estrés oxidativo y la inflamación.

El estrés oxidativo aparece cuando la producción de especies reactivas supera la capacidad de los sistemas antioxidantes para mantener el equilibrio celular. Estas moléculas se generan de manera natural durante el metabolismo y también cumplen funciones fisiológicas; el problema surge cuando su producción o acumulación se desregula.

En determinadas enfermedades metabólicas, el consumo perjudicial de alcohol y otras situaciones de daño hepático, el estrés oxidativo puede contribuir a alterar las membranas celulares, las proteínas y otras estructuras del hepatocito, la principal célula del hígado.

El organismo dispone de sistemas antioxidantes propios para limitar este daño. Uno de ellos es el glutatión, una molécula formada por tres aminoácidos que participa en la defensa antioxidante y en reacciones de transformación de diferentes compuestos.

Por ello, el abordaje nutricional debe centrarse en los factores que contribuyen al problema, la calidad global de la alimentación, la actividad física y el seguimiento clínico cuando corresponda.

Cómo cuidar el hígado con alimentación y estilo de vida

Existen medidas respaldadas por evidencia científica que ayudan a mejorar la salud metabólica y a prevenir o manejar muchos de los factores asociados a la enfermedad hepática.

Priorizar una alimentación de buena calidad

Una alimentación basada en verduras, frutas enteras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, aceite de oliva, pescado y otras fuentes adecuadas de proteínas favorece la calidad nutricional de la dieta y el control metabólico.

Más que buscar un alimento aislado que “limpie” el hígado, lo importante es mantener un patrón alimentario equilibrado y sostenible.

Reducir las bebidas azucaradas y los productos ricos en azúcares añadidos

El consumo habitual de bebidas azucaradas y de productos ultraprocesados ricos en azúcares añadidos, grasas saturadas y calorías puede favorecer alteraciones metabólicas relacionadas con la acumulación de grasa hepática.

Conviene moderar las bebidas gaseosas azucaradas, los jugos con azúcar añadida, los tés embotellados azucarados, la bollería industrial, las golosinas y otros productos de consumo frecuente con características similares.

Favorecer una composición corporal saludable

En personas con MASLD y exceso de grasa corporal, una reducción gradual y sostenida del peso puede disminuir la grasa acumulada en el hígado y mejorar diversos parámetros metabólicos. Los beneficios sobre la inflamación y la fibrosis dependen del grado de enfermedad y de la respuesta individual.

El peso corporal no debe evaluarse de forma aislada: también es importante considerar la distribución de la grasa, la masa muscular y otros indicadores de salud metabólica.

Realizar actividad física de manera regular

Caminar a paso rápido, practicar ejercicios de fuerza y reducir el tiempo sedentario contribuye a mejorar la sensibilidad a la insulina y el metabolismo de las grasas. La actividad física puede disminuir la grasa hepática incluso cuando no se producen cambios significativos en el peso corporal.

Limitar o evitar el alcohol

El alcohol puede contribuir al daño hepático y coexistir con factores metabólicos que favorecen la acumulación de grasa. Si existe una enfermedad hepática, la recomendación debe individualizarse según el diagnóstico y su gravedad. En personas con fibrosis avanzada o cirrosis, se recomienda evitar el consumo de alcohol.

Revisar los medicamentos y suplementos utilizados

Es importante informar al profesional de salud sobre los medicamentos, suplementos y productos naturales que se consumen habitualmente. Algunos pueden producir efectos adversos, interactuar con tratamientos o causar lesión hepática.

Los productos comercializados para “bajar de peso”, “desintoxicar” o “limpiar el hígado” no están exentos de riesgos. Ningún medicamento recetado debe suspenderse ni modificarse sin indicación médica.

Suplementos para el hígado: ¿qué debemos considerar?

La suplementación puede desempeñar un papel complementario cuando existe una necesidad concreta o una indicación clínica. Sin embargo, es importante distinguir entre los compuestos que participan en funciones biológicas, aquellos que modifican determinados parámetros metabólicos y los que han demostrado beneficios clínicos sobre una enfermedad hepática.

Por eso, antes de elegir un suplemento conviene considerar el objetivo, la evidencia científica, la composición y calidad del producto, la dosis, las posibles interacciones y los antecedentes de la persona.

Omega-3 (EPA y DHA) y salud hepática: más allá de la salud cardiovascular

Los ácidos grasos omega-3 EPA y DHA, presentes principalmente en pescados grasos y en determinados suplementos, participan en el metabolismo de los lípidos y en la regulación de diferentes procesos fisiológicos.

Uno de sus efectos mejor establecidos es la reducción de los triglicéridos sanguíneos, especialmente cuando se utilizan dosis terapéuticas para ese objetivo. Este beneficio puede ser relevante en personas con alteraciones metabólicas.

Sin embargo, reducir los triglicéridos en sangre no significa necesariamente disminuir la grasa acumulada en el hígado, revertir la inflamación o mejorar la fibrosis.

Cómo elegir un omega-3: ¿qué debemos considerar?

  • Cantidad de EPA y DHA: revisar los miligramos de cada ácido graso por porción, en lugar de fijarse únicamente en la cantidad total de aceite de pescado.
  • Calidad y pureza: considerar la información sobre la materia prima y los controles de calidad del producto.
  • Estabilidad y conservación: los omega-3 son susceptibles a la oxidación, por lo que es importante respetar las indicaciones de almacenamiento y la fecha de vencimiento.
  • Dosis y objetivo: la cantidad adecuada depende del propósito de uso. Las dosis utilizadas para tratar hipertrigliceridemia no deben extrapolarse a la suplementación general y debe ser guiada por un profesional de salud.

Las personas que utilizan anticoagulantes, deben consultar con un profesional de salud antes de iniciar la suplementación.

Glutatión y salud hepática: un componente esencial de la defensa antioxidante

El glutatión es una molécula formada por tres aminoácidos (glutamato, cisteína y glicina) que se encuentra de manera natural en nuestras células. El hígado desempeña un papel importante en su producción y utilización.

Su principal interés se relaciona con la defensa antioxidante: ayuda a neutralizar compuestos reactivos que, cuando se acumulan en exceso, pueden dañar las estructuras celulares. También participa en procesos de transformación y eliminación de determinadas sustancias.

En enfermedades hepáticas asociadas a alteraciones metabólicas, el estrés oxidativo puede contribuir al daño celular. Por este motivo, el glutatión ha despertado interés como posible apoyo para mantener el equilibrio antioxidante.

Berberina e hígado graso: una molécula de interés metabólico

La berberina es un compuesto bioactivo de origen vegetal. Su interés para la salud hepática se explica, principalmente, por la relación entre el hígado graso y las alteraciones metabólicas. Cuando existe resistencia a la insulina, el hígado puede aumentar la producción y acumulación de grasa, favoreciendo el desarrollo de enfermedad hepática esteatósica.

Según un metaanálisis, su suplementación se asoció con una mejora de la sensibilidad a la insulina, una regulación favorable del perfil lipídico y una posible reducción de la acumulación de triglicéridos en el hígado. Además, presenta efectos antiinflamatorios y antioxidantes que podrían ayudar a disminuir el estrés oxidativo y proteger los hepatocitos frente al daño celular. También podría favorecer la función mitocondrial y modular la microbiota intestinal, contribuyendo al equilibrio metabólico y a la reducción de estímulos inflamatorios que afectan al hígado.

En conjunto, estos mecanismos posicionan a la berberina como un suplemento de interés para apoyar la salud hepática, especialmente en personas con alteraciones metabólicas asociadas al hígado graso, aunque se necesitan más estudios para confirmar sus beneficios clínicos y dosis.

Berberina: ¿qué precauciones debemos tener?

La berberina podria interactuar con medicamentos. Esto es especialmente relevante en personas con diabetes, que reciben varios fármacos o que presentan enfermedades crónicas.

Su utilización debe ser evaluada por un profesional de salud, considerando los antecedentes clínicos, los medicamentos, las posibles contraindicaciones y el objetivo de la suplementación.

Detox hepático: ¿existen suplementos para “desintoxicar” el hígado?

El término “detox hepático” se utiliza con frecuencia en publicidad, pero no describe una necesidad fisiológica que pueda resolverse mediante un producto específico.

El hígado ya dispone de sistemas enzimáticos que transforman numerosas sustancias para facilitar su eliminación. Estos procesos requieren energía, aminoácidos y diferentes cofactores nutricionales, pero eso no significa que una persona sana necesite realizar limpiezas periódicas o tomar suplementos depurativos.

Además, algunos productos promocionados como naturales o desintoxicantes pueden causar efectos adversos e incluso lesión hepática.

Si existen alteraciones en los exámenes hepáticos, la prioridad es investigar la causa, que puede incluir enfermedad metabólica, consumo de alcohol, infecciones, enfermedades autoinmunes, medicamentos u otros factores.

La mejor estrategia es apoyar las funciones normales del organismo mediante una alimentación adecuada, hábitos saludables y suplementación individualizada cuando exista una indicación justificada.

¿Cómo saber si nuestro hígado necesita atención?

El cuidado hepático no debería depender únicamente de la presencia de síntomas. Muchas enfermedades del hígado pueden evolucionar durante años sin manifestaciones evidentes.

Una evaluación profesional puede considerar los antecedentes, los medicamentos, el consumo de alcohol, los factores de riesgo metabólico y los exámenes de laboratorio que correspondan.

Según cada caso, pueden ser necesarios diferentes análisis, pruebas de imagen y herramientas no invasivas.

La detección oportuna permite identificar a las personas que necesitan seguimiento o evaluación especializada.

Conclusión: cuidar el hígado es cuidar el metabolismo

La salud hepática depende de múltiples factores que actúan de manera conjunta. La calidad de la alimentación, la actividad física, el consumo de alcohol y el manejo de los factores de riesgo metabólico son pilares fundamentales para prevenir y abordar muchas enfermedades del hígado.

El omega-3, el glutatión y la berberina representan compuestos de interés científico, pero con niveles de evidencia y aplicaciones diferentes. El omega-3 cuenta con respaldo para reducir los triglicéridos sanguíneos en contextos específicos; el glutatión cumple una función esencial en los sistemas antioxidantes del organismo; y la berberina ha mostrado resultados prometedores en algunos parámetros metabólicos. Ninguno debe presentarse, por estos motivos, como un tratamiento universal o establecido para la enfermedad hepática esteatósica.

No existe un suplemento universal capaz de limpiar, regenerar o proteger el hígado frente a cualquier causa de daño. La elección de una estrategia nutricional o de suplementación debe considerar la condición que se busca abordar, la evidencia disponible, la seguridad y las necesidades individuales.

Cuidar el hígado no consiste en buscar una fórmula para desintoxicarlo, sino en crear las condiciones necesarias para que pueda cumplir sus funciones, identificar oportunamente los problemas y acompañar cada decisión nutricional con criterio profesional y evidencia científica.

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