Superioridad de la vitamina C Liposomal ¿Ciencia o Marketing?
|
|
Time to read 11 min
|
|
Time to read 11 min
También conocida como ácido ascórbico, esta vitamina hidrosoluble desempeña un papel multifacético y vital en el mantenimiento de la salud humana, actuando principalmente como un potente antioxidante que protege a las células contra el daño causado por los radicales libres.
Su función más conocida es el fortalecimiento del sistema inmunológico, donde potencia la producción y el rendimiento de los glóbulos blancos para combatir infecciones de manera más eficiente. Sin embargo, su importancia se extiende mucho más allá: es indispensable para la biosíntesis del colágeno, una proteína estructural fundamental para la regeneración de tejidos, la salud de la piel, la cicatrización de heridas y el mantenimiento de la integridad de vasos sanguíneos, tendones y ligamentos. Además, esta vitamina optimiza la absorción del hierro no hemo (proveniente de fuentes vegetales), previniendo la anemia, y participa activamente en la síntesis de neurotransmisores y carnitina, lo que influye directamente en los niveles de energía y la función cerebral.
Para la mayoría de los mamíferos, la vitamina C no es estrictamente una "vitamina", sino un metabolito que sintetizan en el hígado a partir de la glucosa. Sin embargo, los seres humanos (junto con otros primates y los cobayas) sufrimos una mutación genética hace millones de años que inactivó el gen responsable de producir la enzima L-gulonolactona oxidasa (GULO). Esta enzima es el último eslabón necesario para convertir el azúcar en ácido ascórbico; al carecer de ella, nuestra "fábrica interna" está rota y no podemos producir ni una sola molécula por nuestra cuenta.
Esta carencia es lo que define su carácter esencial: dependemos totalmente de una fuente externa para sobrevivir. Sin la ingesta dietética, los procesos que dependen de ella, como por ejemplo la estabilización de las fibras de colágeno simplemente se detienen. Esto provoca que el cuerpo empiece literalmente a desmoronarse (los vasos sanguíneos se rompen, las heridas no cierran y los tejidos se debilitan), una condición conocida históricamente como escorbuto.
Por tanto, la vitamina C es un componente crítico que nuestro metabolismo requiere para funcionar, pero que nuestra biología ha delegado por completo a lo que decidimos comer cada día.
Pero más allá de evitar enfermedades, la vitamina C es clave para:
Síntesis de colágeno
Sistema inmune
Producción de energía
Función cerebral
Absorción de hierro
Desde la perspectiva de la Nutrición Ortomolecular, el concepto de "suficiencia" no se basa simplemente en evitar una enfermedad carencial como el escorbuto, sino en alcanzar la concentración óptima para que las rutas bioquímicas funcionen a su máxima capacidad.
Las recomendaciones oficiales (RDA) de unos 75-90 mg diarios están diseñadas para que una persona sana no enferme, pero ignoran nuestra realidad evolutiva.
Al haber perdido la enzima GULO, los nutricionistas ortomoleculares argumentamos que nuestra necesidad real es comparable a la de otros mamíferos de nuestro peso que sí la producen (como las cabras), quienes sintetizan entre 2,000 y 13,000 mg diarios de forma natural. La dieta tradicional, incluso siendo rica en frutas, difícilmente supera los 200 mg por día.
Vivimos en un entorno pro-oxidante que nuestros ancestros no conocían. Factores como:
Estos elementos "secuestran" la vitamina C disponible para neutralizar radicales libres, dejando muy poca cantidad para tareas críticas como la síntesis de colágeno de alta calidad o el soporte inmunológico avanzado.
La vitamina C es extremadamente termolábil y fotosensible. Desde que un alimento se cosecha hasta que llega a tu mesa, su contenido nutricional cae drásticamente debido al transporte, almacenamiento y procesos de cocción.
Un estudio de la University of California confirmó que el calor y el almacenamiento reducen hasta un 85% el contenido de ascorbato en vegetales. Además, la glucosa compite con la vitamina C por los mismos transportadores (GLUT); en dietas modernas altas en carbohidratos, la absorción de la vitamina C dietética se ve inhibida competitivamente, haciendo necesario el suplemento para garantizar la entrada a la célula.
El cuerpo utiliza transportadores activos (SVCT1 y SVCT2) para absorber la vitamina C. En la rinitis o procesos inflamatorios, la demanda celular se dispara (especialmente en los leucocitos). La suplementación estratégica, especialmente en formas liposomales permite superar el umbral de absorción intestinal y alcanzar niveles plasmáticos que la dieta, por volumen gástrico y digestión, no puede ofrecer.
La vitamina C desempeña un papel fundamental en la salud cardiovascular e inmunológica, ya que disminuye el daño miocárdico inducido por el tabaquismo, contribuye a mejorar la aterosclerosis y protege al sistema inmunitario del estrés oxidativo causado por infecciones.
Debido a este impacto, los fumadores requieren un aporte diario adicional de 35 mg para compensar el desgaste oxidativo. Además, esta vitamina ejerce una función protectora clave al prevenir la adhesión de leucocitos a las células endoteliales, un proceso perjudicial que es desencadenado tanto por la presencia de humo de cigarrillo como por el colesterol LDL oxidado.
El organismo humano necesita mantener un equilibrio dinámico entre la producción de radicales libres y los antioxidantes que los neutralizan, ya que, en condiciones normales, estos radicales son incluso beneficiosos.
El problema surge cuando existe un exceso que supera la capacidad antioxidante del cuerpo, generando un estado de estrés oxidativo que daña células, tejidos y el ADN, acelerando el envejecimiento y propiciando enfermedades degenerativas. Por ello, la clave para la salud no radica en intentar eliminar los radicales libres por completo, sino en preservar ese equilibrio a través de la ingesta de antioxidantes como Vitamina C.
Ya en 1938, se informó que el feto “actúa como un parásito de las reservas de vitamina C de la madre” tras observarse que las concentraciones de vitamina C en el plasma del cordón umbilical de los recién nacidos eran de 2 a 4 veces mayores que las de sus madres en el momento del parto.
Un bajo nivel de vitamina C materna se ha asociado con complicaciones del embarazo, como un mayor riesgo de preeclampsia, parto prematuro y bajo peso al nacer y al igual que con el folato, un nivel inadecuado de vitamina C durante la gestación se ha relacionado con diversas afecciones del desarrollo, incluidos los defectos del tubo neural.
Una revisión Cochrane sobre la vitamina C y el resfriado común indicó que 2 g/día de vitamina C reducen la duración de los resfriados en un 9,4 %.
Si bien la evidencia disponible muestra que la vitamina C puede afectar positivamente los resfriados, se desconocen las dosis óptimas y la magnitud del beneficio máximo.
La vitamina C es fundamental en el manejo de la rinitis, tanto alérgica como no alérgica, debido a su capacidad única para actuar como un antihistamínico natural y un potente agente antiinflamatorio. A diferencia de los fármacos tradicionales que bloquean los receptores de histamina, la vitamina C actúa reduciendo directamente la cantidad de histamina que el cuerpo produce y acelera su descomposición.
En un estudio con 40 pacientes que padecían rinitis alérgica, se investigó el efecto de la vitamina C sobre las manifestaciones clínicas. Se administró vitamina C y un placebo por vía oral durante un año y medio, registrándose los niveles plasmáticos de ácido ascórbico y su efecto sobre los signos y síntomas de la rinitis.
Los resultados mostraron que la administración de vitamina C mejoró los síntomas de la rinitis alérgica, como estornudos, lagrimeo, prurito y malestar general.
Si bien, hemos mencionado que la suplementación con vitamina C es la vía eficaz para poder asegurar todos los beneficios que obtenemos de este nutriente, lamentablemente el potencial clínico y comercial de la vitamina C se ve limitado por su inestabilidad. Ya que la Vitamina C se degrada fácilmente al exponerse al calor, la luz y el oxígeno, formando productos biológicamente inactivos.
La degradación reduce la vida útil y disminuye notablemente la biodisponibilidad oral, especialmente a dosis altas (>1000 mg/día), donde la eficiencia de absorción puede caer hasta aproximadamente el 50%.
Los liposomas son burbujas microscópicas compuestas por una doble capa de fosfolípidos, estructuralmente idénticas a las membranas de nuestras propias células. Actúan como "vehículos de transporte" inteligentes que encapsulan nutrientes, como vitaminas o minerales en su núcleo para protegerlos de la degradación ácida del estómago.
El beneficio principal de la tecnología liposomal en la suplementación es que revoluciona la biodisponibilidad: al imitar la estructura celular, el cuerpo no reconoce el nutriente como un cuerpo extraño, permitiendo que atraviese las barreras intestinales con facilidad y se fusione directamente con las células.
Esto garantiza una absorción significativamente mayor, evita el desperdicio de nutrientes y reduce los efectos secundarios digestivos comunes en los suplementos tradicionales.
Lamentablemente no, si bien las estrategias que aseguran la mayor biodisponibilidad como los liposomas son fundamentales para preservar la actividad biológica de la vitamina C durante el procesamiento y el almacenamiento, prolongar la vida útil del producto y garantizar una eficacia terapéutica constante. Existe otro elemento que es clave, y es la estabilización del nutriente que va protegido en el liposoma.
La encapsulación liposomal ofrece una estrategia prometedora al atrapar la vitamina C dentro de una bicapa de fosfolípidos, protegiéndola del estrés ambiental y la degradación gastrointestinal, al tiempo que permite una liberación controlada.
Sin embargo, los liposomas convencionales presentan desafíos, como una alta polidispersidad, una estabilidad a largo plazo limitada y la dependencia de disolventes orgánicos, lo que plantea problemas de seguridad y escalabilidad.
En el mundo de la suplementación avanzada, la estabilidad es el mayor reto. Aunque los liposomas líquidos fueron los pioneros, la ciencia Ortomolecular ha migrado hacia los liposomas secos.
Estos utilizan como agente estabilizante a la goma arábiga (GA), un polisacárido natural y biocompatible derivado del árbol de acacia, se ha consolidado como un estabilizador y emulsionante funcional gracias a sus propiedades fisicoquímicas únicas. Compuesta principalmente de arabinogalactano y proteínas en pequeñas cantidades, la GA puede formar nanoesferas mediante nanomolienda y estabilizar estructuras liposomales a través de interacciones electrostáticas y comportamiento viscoelástico.
Un estudio publicado en ACS Nutrition Science & Technology presenta una innovadora formulación de vitamina C liposomal estabilizada con goma arábiga mediante tecnología Metazome, logrando una eficiencia de encapsulación del 88.49% y mejorando la estabilidad térmica. Esta tecnología aborda la inestabilidad y limitada absorción de la vitamina C convencional, ofreciendo una mayor biodisponibilidad sistémica gracias a la protección lipídica.
- La inestabilidad de los liposomas líquidos:
Los liposomas en formato líquido son estructuras extremadamente delicadas y "vivas" que enfrentan varios problemas:
- La superioridad de los liposomas secos
La tecnología de liposomas secos utiliza procesos como la liofilización o el secado por aspersión para eliminar el agua sin dañar la estructura del liposoma.
- Matriz Estabilizadora: Envuelve los liposomas individuales, actuando como un escudo físico que evita que las microesferas choquen y se rompan durante el almacenamiento.
- Protección contra el Ácido Gástrico: La goma arábiga es una fibra prebiótica natural que resiste mejor el paso por el estómago. Esto asegura que el liposoma llegue al intestino delgado (donde se absorbe) con su carga de vitamina C intacta.
El aspecto más destacado es que utiliza la tecnología de encapsulación Metazome®️, que es un proceso de liposoma seco. Como mencionamos antes, este formato en polvo es superior a los líquidos porque mantiene la estructura del liposoma "congelada" y estable sin necesidad de conservantes químicos, evitando que se oxide en el frasco.
Łukawski, M., Dałek, P., Borowik, T., Foryś, A., Langner, M., Witkiewicz, W., & Przybyło, M. (2020). New oral liposomal vitamin C formulation: properties and bioavailability. Journal of liposome research, 30(3), 227–234. https://doi.org/10.1080/08982104.2019.1630642
Development of Liposomal Vitamin C Stabilized by Gum Arabic Nanospheres Using Metazome Technology: Characterization, In Vitro Release, and Oral Bioavailability of Vitamin C in a Randomized, Double-Blind, Single-Dose, Two-Period, Two-Way Crossover Study. Augustine Amalraj, Eldo K. Abraham, Ann Mariya Jogy, and Sreeraj Gopi
ACS Nutrition Science 2026 1 (1), 18-27
DOI: 10.1021/acsnutrsci.5c00002
Ghalibaf, M. H. E., Kianian, F., Beigoli, S., Behrouz, S., Marefati, N., Boskabady, M., & Boskabady, M. H. (2023). The effects of vitamin C on respiratory, allergic and immunological diseases: an experimental and clinical-based review. Inflammopharmacology, 31(2), 653–672. https://doi.org/10.1007/s10787-023-01169-1
Hemilä, H., & Chalker, E. (2023). Vitamin C reduces the severity of common colds: a meta-analysis. BMC public health, 23(1), 2468. https://doi.org/10.1186/s12889-023-17229-8
Coker, S. J., Smith-Díaz, C. C., Dyson, R. M., Vissers, M. C. M., & Berry, M. J. (2022). The Epigenetic Role of Vitamin C in Neurodevelopment. International journal of molecular sciences, 23(3), 1208. https://doi.org/10.3390/ijms23031208