Aceite de hígado de bacalao: beneficios y diferencias clave
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Tabla de contenidos
El aceite de hígado de bacalao es uno de los suplementos nutricionales más tradicionales del norte de Europa. En países como Noruega, su consumo ha sido parte de la cultura durante generaciones, especialmente en invierno, cuando la exposición solar disminuye y con ella la síntesis cutánea de vitamina D.
En la actualidad, este suplemento ha vuelto a cobrar relevancia tanto en el ámbito clínico como en el bienestar general, principalmente por su composición única: combina ácidos grasos omega-3 de cadena larga con vitaminas liposolubles A y D.
Esta combinación es precisamente lo que lo diferencia de otros suplementos y lo convierte en una herramienta interesante dentro de una estrategia nutricional bien diseñada.
No todos los omega-3 son iguales, y entender su origen es fundamental para elegir correctamente.
Es importante diferenciar el Aceite de hígado de bacalao de un suplemento convencional de omega-3.
El aceite de pescado tradicional se obtiene del tejido muscular de pescados grasos como sardinas o anchoas y aporta principalmente EPA (ácido eicosapentaenoico) y DHA (ácido docosahexaenoico).
En cambio, el aceite de hígado de bacalao se extrae específicamente del hígado del bacalao, órgano que naturalmente concentra vitaminas liposolubles. Por ello, además de EPA y DHA, contiene cantidades significativas de vitamina A y vitamina D. Esta diferencia en su perfil nutricional es clave para entender cuándo puede ser más conveniente elegir uno u otro.
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Aceite de pescado (omega-3) → EPA + DHA (sin cantidades relevantes de vitaminas A y D) |
Aceite de hígado de bacalao → EPA + DHA + vitamina A + vitamina D * Esta combinación de ácidos grasos y vitaminas liposolubles es lo que lo hace único. |
Los omega-3 son ácidos grasos esenciales, lo que significa que el cuerpo no puede producirlos en cantidades suficientes y deben obtenerse a través de la alimentación o suplementación.
EPA (ácido eicosapentaenoico)
Desempeña un rol regulador en la respuesta inflamatoria, al competir con el ácido araquidónico (un omega-6) y generar mediadores menos proinflamatorios.
DHA (ácido docosahexaenoico)
Cumple una función estructural fundamental en el cerebro y la retina, participando en la fluidez de las membranas celulares y en la transmisión neuronal.
Ambos también dan origen a resolvinas y protectinas, moléculas implicadas en la resolución activa de la inflamación.
Los más importantes desde el punto de vista clínico
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EPA (ácido eicosapentaenoico) Reduce la producción de eicosanoides proinflamatorios derivados del ácido araquidónico |
DHA (ácido docosahexaenoico) Es estructural en cerebro y retina, y es precursor de resolvinas y protectinas (moléculas pro-resolutivas de la inflamación) |
Gracias a su combinación de omega-3 y vitaminas liposolubles, sus beneficios potenciales abarcan múltiples sistemas del organismo.
En el ámbito cardiovascular, el aceite de hígado de bacalao comparte los beneficios propios de los omega-3 de cadena larga.
Un metaanálisis publicado en EClinicalMedicine en 2021 mostró que la suplementación con omega-3 se asocia con una reducción en eventos cardiovasculares mayores, aunque la magnitud del beneficio depende de la dosis utilizada, la duración del tratamiento y el perfil de riesgo del paciente.
Desde el punto de vista fisiológico, el EPA contribuye a disminuir la producción de mediadores inflamatorios derivados del ácido araquidónico y puede influir en la estabilidad de la membrana celular y en la función endotelial. El DHA, además de su papel estructural, también participa en la regulación de triglicéridos plasmáticos.
Revisiones recientes publicadas en Frontiers in Nutrition sugieren que para alcanzar un índice omega-3 igual o superior al 8 % (valor asociado con menor riesgo cardiovascular) podrían requerirse entre 1000 y 1500 mg diarios de EPA más DHA durante al menos doce semanas.
Una de las diferencias más relevantes frente al omega-3 convencional es el aporte de vitamina D.
Esta vitamina actúa en realidad como una hormona, regulando la absorción intestinal de calcio y fósforo, fundamentales para la mineralización ósea. Además, interviene en la modulación del sistema inmune y en la regulación de procesos inflamatorios y metabólicos.
En contextos de baja exposición solar, como ocurre en latitudes altas o durante el invierno, el aceite de hígado de bacalao puede contribuir a prevenir estados subóptimos de vitamina D.
La vitamina A presente en este aceite también desempeña un papel en la función inmunológica y en la integridad de las mucosas, actuando como primera línea de defensa frente a patógenos. Sin embargo, a diferencia de la vitamina D, la vitamina A preformada puede acumularse en el organismo y generar toxicidad si se consume en exceso, por lo que su dosificación debe ser cuidadosamente considerada, especialmente en mujeres embarazadas.
El aceite de hígado de bacalao también ha sido investigado por su posible impacto en la salud ocular.
Estudios publicados en Investigative Ophthalmology & Visual Science han explorado la asociación entre su consumo y menor riesgo de glaucoma. El mecanismo potencial incluiría efectos neuroprotectores y antiinflamatorios del DHA, además del rol esencial de la vitamina A en el ciclo visual y en la función de los fotorreceptores de la retina. Considerando que el DHA constituye una proporción significativa de los ácidos grasos presentes en la retina, su disponibilidad adecuada es fisiológicamente relevante.
Más allá de los lípidos plasmáticos, el aceite de hígado de bacalao ha sido estudiado en relación con marcadores inflamatorios. Un estudio prospectivo publicado en Journal of the International Society of Sports Nutrition encontró que las personas que consumían regularmente este suplemento presentaban niveles más bajos de proteína C reactiva, un marcador ampliamente utilizado en la práctica clínica para evaluar inflamación sistémica. Aunque este tipo de estudios observacionales no permiten establecer causalidad directa, sí sugieren una posible asociación entre consumo habitual y menor carga inflamatoria basal, lo que podría tener implicancias en enfermedades crónicas de base inflamatoria.
Otro ámbito de creciente interés es la salud mental.
Un amplio estudio poblacional realizado en Noruega y publicado en Journal of Affective Disorders encontró que las personas que consumían aceite de hígado de bacalao de manera regular presentaban menos síntomas de depresión en comparación con quienes no lo consumían. Aunque no puede establecerse una relación causal directa, se ha propuesto que la vitamina D podría influir en la regulación de neurotransmisores como la serotonina y que los omega-3 podrían modular procesos inflamatorios implicados en la fisiopatología de la depresión.
Estos hallazgos son prometedores, pero no reemplazan tratamientos médicos establecidos.
No se trata de que un suplemento sea mejor que otro, sino de elegir según el contexto.
Si necesitas vitamina D adicional o tienes baja exposición solar → puede ser buena opción el consumir un suplemento de aceite de hígado de bacalao.
Si ya consumes vitamina A/D suficiente → puede preferirse un omega-3 puro en su forma natural de triglicéridos.
En cuanto a calidad y pureza, marcas como Nordic Naturals se han destacado por utilizar pescados de aguas frías, su pesca es sostenible y responsable, y realiza procesos de purificación que buscan minimizar contaminantes como metales pesados, además de ofrecer formulaciones en forma natural de triglicéridos, lo que favorece la biodisponibilidad frente a presentaciones en éster etílico.
La calidad del suplemento es clave para obtener beneficios reales.
Algunos aspectos importantes a considerar:
Cantidad real de EPA + DHA declarada en la tabla nutricional (no solo mg de aceite)
Forma química (triglicéridos vs éster etílico)
Certificación de pureza (metales pesados)
Elegir un buen suplemento puede marcar una diferencia significativa en su efectividad.
El aceite de hígado de bacalao no es simplemente “omega-3”. Es un suplemento híbrido que integra ácidos grasos esenciales con vitaminas liposolubles como la A y D, clave para la salud ósea, inmune y ocular.
La evidencia científica respalda beneficios cardiovasculares e inflamatorios moderados asociados a los omega-3, mientras que la presencia de vitaminas A y D puede ofrecer ventajas adicionales en determinados contextos nutricionales.
Como en toda intervención en salud, la elección debe individualizarse según el estado nutricional, los objetivos terapéuticos y el perfil de cada persona.
Combina omega-3 (EPA y DHA) con vitaminas A y D
Se diferencia del omega-3 convencional por su perfil nutricional
Puede aportar beneficios en salud cardiovascular, inmune y ósea
Su elección depende del contexto y necesidades individuales
La calidad del suplemento es clave para su efectividad
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