Delgadez y obesidad: por qué importa más la composición corporal que el peso
No es desconocido que desde siempre el peso ha ocupado un lugar central en nuestra forma de valorar la salud. Subimos a una balanza en la consulta del Médico, de la Nutricionista o incluso a la que tenemos en el baño de nuestra casa y solo viendo los números casi de manera automática decidimos si estamos "muy delgados", "normales" o "con sobrepeso/obesidad".
El problema de esta mirada reduccionista, es que el cuerpo humano es mucho más complejo que una cifra expresada en kilos totales.
Por ejemplo, dos personas del mismo sexo y con la misma altura, pueden pesar exactamente lo mismo y sin embargo tener cuerpos, porcentajes de grasa (tejido adiposo), porcentajes de musculatura y perfiles metabólicos completamente diferentes.
Una puede tener el peso representado mayormente por una elevada masa muscular, mientras que la otra puede tener poca masa muscular y su peso ser el reflejo de una proporción de grasa considerablemente mayor. La balanza indicará el mismo peso para ambas personas, sin embargo, su composición corporal es muy distinta y por lo tanto también su diagnóstico nutricional.
Por eso, cuando hablamos de delgadez o de obesidad, es fundamental cambiar la mirada, y en vez de fijarnos únicamente en cuanto pesamos, deberíamos preguntarnos:
"¿De qué está compuesto el peso que veo en la balanza?"
¿Qué es la composición corporal?
Nuestro organismo está formado por diferentes componentes: agua, músculo, huesos, órganos, tejidos, grasa, entre otros. Todos estos compartimentos dan origen al peso corporal, pero no tienen el mismo significado desde el punto de vista de la salud.
Esto no significa que el peso corporal sea irrelevante, por el contrario, puede ser un dato importante en el contexto una evaluación nutricional, especialmente cuando se analiza su evolución a lo largo del tiempo. El problema es cuando se convierte en el único indicador utilizado para definir el estado nutricional de una persona.
¿Qué es la delgadez?
La palabra delgadez suele utilizarse comúnmente para describir a una persona visiblemente con poco peso, pero es necesario aclarar que estar delgado no significa necesariamente estar sano, ya que una persona puede tener un peso corporal bajo y visualmente "verse bien", pero ese bajo peso puede estar asociado a una alimentación insuficiente, a una pérdida de masa muscular, a alguna enfermedad o problema de absorción de nutrientes o incluso a determinados trastornos de la conducta alimentaria.
Por eso es muy importante distinguir entre delgadez estética y un estado nutricional saludable, ya que si bien son conceptos relacionados no son sinónimos.
Consecuencias de una delgadez extrema
Una delgadez extrema no debe confundirse con una constitución naturalmente delgada, ya que una persona puede tener una estructura corporal pequeña y encontrarse perfectamente saludable. La preocupación aparece cuando existe un peso o una composición corporal excesivamente bajos como consecuencia de restricción alimentaria u otros factores.
Cuando el organismo no recibe suficiente energía y nutrientes durante un periodo prolongado, puede comenzar a utilizar sus propias reservas. Esto puede afectar tanto a la masa grasa como a la masa muscular.
Entre las posibles consecuencias de una delgadez extrema o de una insuficiente disponibilidad energética pueden encontrarse:
Pérdida importante de masa muscular y fuerza.
Mayor debilidad y fatiga.
Alteraciones de la función inmunitaria.
Mayor riesgo de déficits de vitaminas y minerales.
Alteraciones hormonales.
Alteraciones del ciclo menstrual y de la función reproductiva cuando existe una baja disponibilidad energética.
Disminución de la densidad mineral ósea y mayor riesgo de problemas óseos en determinadas situaciones.
Menor tolerancia al frío.
Alteraciones de la cicatrización.
Peor recuperación después del ejercicio.
Mayor vulnerabilidad ante determinadas enfermedades o infecciones.
Alteraciones cardiovasculares en situaciones graves de desnutrición.
Falsos delgados o "flacos gordos" (fofisanos)
Imaginemos a dos personas que pesan 55 kg. y tienen la misma altura. La primera tiene una adecuada cantidad de masa muscular y un porcentaje de grasa en rango normal para su edad.
Por el contrario, la segunda persona tiene muy poca masa muscular y una proporción de grasa muy elevada. Aunque ambas pesan exactamente lo mismo, su composición corporal es diferente y posiblemente su metabolismo también lo sea.
Este fenómeno se relaciona con lo que popularmente se denomina "flaco falso o fofisano", una persona puede tener un peso aparentemente bajo o normal y, aun así, presentar una cantidad de grasa elevada en comparación con su masa muscular.
Un cuerpo "ligero o delgado" no es necesariamente un cuerpo saludable.
Por esto desde el punto de vista de la nutrición integrativa, el objetivo no debería ser que una persona pese menos sino favorecer que tenga una adecuada composición corporal y hábitos alimentarios compatibles con una buena salud.
¿Qué es la obesidad?
Es una enfermedad crónica y multifactorial caracterizada por una acumulación excesiva de tejido adiposo que puede afectar negativamente a la salud, esta definición es importante porque nos ayuda a entender que obesidad y peso corporal no son lo mismo.
El peso puede utilizarse como una aproximación inicial para identificar posibles problemas relacionados con el exceso de tejido adiposo, pero no nos dice directamente cuánta grasa tiene una persona ni dónde está distribuida.
La grasa corporal tiene diferentes impactos para la salud dependiendo de la zona en donde más se acumule. El tejido adiposo que se forma a nivel de circunferencia de cintura y en el tronco nos indica la grasa visceral que tiene una persona, al ser grasa que está alrededor de los órganos es la más peligrosa, ya que se relaciona con un mayor riesgo cardiovascular.
Consecuencias de la obesidad para la salud
Entre las consecuencias y problemas de salud que pueden estar relacionados con la obesidad se encuentran:
Mayor riesgo de resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.
Hipertensión arterial.
Alteraciones del perfil lipídico.
Mayor riesgo de enfermedad cardiovascular.
Enfermedad hepática metabólica asociada a la acumulación de grasa en el hígado.
Mayor riesgo de apnea obstructiva del sueño.
Problemas articulares y osteoarticulares debido, entre otros factores, a la sobrecarga mecánica.
Limitaciones de movilidad y capacidad funcional.
Mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer.
Alteraciones relacionadas con la salud reproductiva en algunas personas.
Mayor probabilidad de desarrollar inflamación crónica de bajo grado asociada a la disfunción del tejido adiposo.
Sin embargo, es fundamental hacer una distinción, el tener obesidad no significa que una persona tenga necesariamente todas estas complicaciones. El riesgo depende, entre otros factores, de la cantidad y distribución de la grasa, la duración de la obesidad, la presencia de masa muscular, la genética, la actividad física y otros factores relacionados con la salud.
Inflamación crónica y tejido adiposo
El tejido adiposo no es simplemente un depósito pasivo de energía. Es un tejido metabólicamente activo que participa en la producción de diferentes sustancias y señales que pueden influir en procesos relacionados con el metabolismo y la respuesta inflamatoria.
Cuando existe un exceso de tejido adiposo, especialmente de grasa visceral, puede producirse una alteración del funcionamiento normal del tejido adiposo y favorecer un estado de inflamación crónica de bajo grado. Esta inflamación no tiene por qué manifestarse como una inflamación evidente, con dolor o hinchazón, sino que puede desarrollarse de manera silenciosa y mantenerse durante largos periodos.
Es muy importante saber que la inflamación asociada a un exceso de grasa corporal no es exclusiva de las personas con obesidad visible, recordemos el caso de los "flacos falsos".
Una persona puede ser delgada a simple vista y sin embargo, presentar un porcentaje de grasa relativamente elevado en relación con su masa muscular. En determinados casos, esta situación puede acompañarse de una distribución desfavorable de la grasa, especialmente a nivel abdominal, y de alteraciones metabólicas.
Es lo que explica, en parte, por qué "estar delgado" no equivale automáticamente a "estar metabólicamente sano".
Consideraciones importantes
Una persona puede ser delgada y tener un porcentaje de grasa elevado.
Una persona puede tener obesidad y presentar una cantidad de grasa mucho mayor que una delgada.
Y sin embargo, ninguna de estas situaciones debería evaluarse únicamente mirando el peso, Lo importante no es solo cuánto pesa una persona, sino qué proporción de ese peso corresponde a grasa, dónde se encuentra esa grasa y qué impacto está teniendo sobre su salud metabólica, es por esto que hablar de composición corporal permite una valoración mucho más completa que hablar exclusivamente de kilos.
Salir del pensamiento "bueno o malo"
Una de las mayores dificultades en torno al peso corporal es que hemos aprendido a interpretar el cuerpo mediante categorías muy simples:
"Delgado = saludable, exitoso"
"Gordo = poco saludable, fracaso"
Cuando sabemos que la realidad es mucho más compleja que eso. En términos de nutrición, se ha visto que una persona con obesidad puede mejorar significativamente su salud mediante cambios relativamente modestos en su composición corporal y en sus hábitos, incluso antes de alcanzar un determinado "peso ideal".
Del mismo modo, una persona delgada puede necesitar mejorar su alimentación, aumentar su masa muscular o revisar determinados hábitos, la salud no puede observarse exclusivamente desde el exterior, ya que el aspecto físico nos permite conocer con precisión la composición corporal, la condición metabólica o los hábitos de una persona.
Por eso, una evaluación nutricional responsable debe alejarse tanto del estigma asociado al exceso de peso como de la idealización de la delgadez.
Como sano y entreno, pero no bajo de peso: qué está pasando
Cuando una persona comienza a ir al gimnasio o a realizar otros tipos de ejercicios puede que no vea reflejado su esfuerzo en la balanza, ya que por causa de los ejercicios de fuerza puede ganar músculo y perder grasa simultáneamente. En este caso, el cambio no se ve reflejado en el peso, pero si en el cambio de composición corporal, proceso llamado "recomposición corporal".
La ropa puede quedar más suelta, la cintura puede reducirse, la fuerza puede aumentar y el porcentaje de grasa puede disminuir aunque la balanza apenas se mueva.
Si solamente la persona mira el peso, podría concluir erróneamente que "no ha tenido cambios ni progreso", cuando en realidad ha logrado muchísimo avance.
Esto no significa que no debamos subirnos nunca más a una balanza, significa que si bien el peso es un indicador útil, debe integrarse junto a otros datos en una evaluación nutricional.
Cómo saber si el tratamiento nutricional está funcionando
¿En qué fijarse para saber si el tratamiento nutricional está dando resultados?
- Evolución del peso.
- Porcentaje de grasa corporal (evaluación nutricional por pliegues o por bioimpedanciometria)
- Circunferencia de cintura.
- Porcentaje de masa muscular o masa libre de grasa.
- Fuerza y rendimiento físico.
- Hábitos alimentarios.
- Nivel de actividad física.
- Calidad del sueño.
- Parámetros metabólicos y resultados de exámenes de sangre cuando corresponda.
- Sensación de energía y bienestar.
- Capacidad funcional.
- Otros.
Estos indicadores analizados juntos permiten obtener una visión mucho más completa del estado nutricional y de salud de una persona.
Dietas para bajar de peso rápido: qué hay que tener en cuenta
Cuando una persona busca reducir su peso rápidamente mediante dietas muy restrictivas, la balanza puede mostrar una disminución de varios kilos, pero antes de ponerse contentos, hay que analizar que ese valor no significa que toda la pérdida corresponda a grasa, de seguro gran parte del peso perdido puede generarse por pérdidas de agua, glucógeno y masa muscular.
Desde el punto de vista de la composición corporal, esto es una muy mala estrategia para bajar de peso, lo ideal es perder grasa mientras se conserva la mayor cantidad posible de masa muscular.
La pregunta en tratamientos de pérdida de peso no debería centrarse en cuántos kilos se han bajado, sino en cuánta grasa se ha perdido y cuánta masa muscular se ha conservado o aumentado.
Conclusión
La delgadez y la obesidad no deberían analizarse únicamente desde el número que aparece en una balanza, el peso corporal es un dato, pero no explica por sí mismo la composición del organismo. El porcentaje de grasa corporal, junto con la masa muscular, la circunferencia de cintura, la actividad física, los hábitos alimentarios y otros indicadores de salud, puede ayudarnos a obtener una visión mucho más completa.
Pero tampoco debemos convertir el porcentaje de grasa en una nueva obsesión. No existe un número perfecto universal y perseguir niveles excesivamente bajos de grasa tampoco es sinónimo de salud.
La verdadera meta debería ser conseguir una composición corporal saludable, funcional y sostenible, acompañada de buenos hábitos y una relación equilibrada con la alimentación y con el propio cuerpo.









































